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jueves, 19 de octubre de 2017

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SEGUNDO DÍA

       “La Santa de la Hoya”: no es muy poético, pero ella tiene el honor de ser la más expresiva cosecha del cristianismo en Japón poniendo en segundo plano a tantos mártires misioneros. Es ella la que da la imagen a esa multitud de cristianos sacrificados y lo hace con hábito de terciaria recoleta. Siendo ella joven, atractiva, generosa, confiada en una gracia que humaniza y levanta los gestos hasta convertirlos en vida para los demás.

        Nace el 1610 ó 1612 siendo sus padres cristianos y recibiendo una vivencia de la fe profunda y fuerte. El martirio permanece en el horizonte de la culminación de la fe. Había escritos que motivaban a el testimonios de la fe, se admiraba la fe de los mártires; es el espírituque llenó a Magdalena. Se habla de en los años que median de 1614 a 1624 morirían martirizados unos 30.000 y entre ellos los padres y hermanos de Magdalena.

        Con su orfandad y sus metas bien altas fue el momento de encontrarse con Francisco de Jesús, agustino recoleto, quien afirmó en ella el camino de fe y unos dones personales puestos en juego en su compromiso cristiano. Desde el 1624 ó 1625 se confirmó en la escuela de espiritualidad recoleta, profesando como terciaria y tomando la actividad de catequista.

        La situación cada vez se hace más dificultosa, por lo que a partir de 1628 se refugia en los montes donde continuará su labor ahora centrada en la coordinación y servicio catequético. Esto se agudiza con la desaparición de los recoletos el 1632.

miércoles, 18 de octubre de 2017

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Rasgos por los que hacen atractiva a Santa Magdalena 

        Se la representa con un bolso colgado del brazo, la palma del martirio y el hábito de agustina recoleta seglar.
       * Mujer joven recordando a las antiguas vírgenes y mártires de las primeras persecuciones.
       *Japonesa y cristina en grado heroico; comprometida, saltando de comunidad en comunidad entre los montes.  
       * Sencilla ante un mundo hostil.
       * Misionera, en una Iglesia en misión donde Magdalena destaca por su entrega o donde cubre espacios de presencia allí donde la fe cristiana se tenía que vivir en el silencio, por los montes y entre la oscuridad de las nieblas y el acoso.
       * Catequista: en su bolso colgado del brazo una Biblia, un catecismo, unas oraciones, unos cánticos, unas cruces. Quien lleva en el corazón la Biblia la porta con ella, inspira su vida con ella, la transmite, la canta y la reza.
       * Enamorada de Jesús el Señor. 
       * Evangelizada y evangelizadora, discípula y misionera.
       * “Virgen, mártir y santa“, tres dimensiones que fueron dones de Dios. Hablan claramente de su consagración y de su dependencia de Dios. Para rezar Andrés de san Nicolás, al que, últimamente, se le está dando relumbre y renombre en Colombia, escribía sobre ella.

Para rezar
       Andrés de san Nicolás, al que, últimamente, se le está dando relumbre y renombre en Colombia, escribía sobre ella. La versión castellana es del jesuita Manuel Briceño Jáuregui. Dice así:

       “Cantaré a Cristo, y mis voces     
han de oír vuestras orejas;
        de lo íntimo de mi pecho
        llamaré que me defienda”
        Desde entonces, dulcemente,
        como de un ángel su lengua
        entonaba dulces cánticos. 
        La quietud era tremenda.
        Pues al punto conocieron
        aun cuando bárbaros eran-
        que esas voces no emitía
        una garganta terrena.
      
       Con más canciones prosigue,
       salidas de su alma tierna;
       de invocar los dulces nombres
       de María y Jesús no cesa.
       Sonoras voces escuchan
       que repite Magdalena
       dulcemente, y aterrados
       se miran los centinelas.

       Los pérfidos la abandonan;
       no quisieran ya más verla;
       y en el suplicio cantando,
       así, suspendida, queda”.

Para reflexionar

        * Podríamos preguntarnos si hemos recibido en verdad el Evangelio; si se ha apoderado de nosotros como vemos que se dio en Magdalena.
        * ¿Qué llevamos en nuestro morralito de cada día? ¿La Palabra de Dios, un deseo profundo por Él, por la entrega de la vida, la evangelización…?
        * El carisma Agustino Recoleto es un don del Espíritu Santo a la Iglesia; en su variedad de modos de vivencia: consagración religiosa activa o contemplativa, sacerdocio, juventud, laicos… hombres y mujeres… jóvenes y mayores…


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PRIMER DÍA
Ambientación

        Japón en los siglos XVI-XVII está marcado por la fe cristiana. Las noticias llegaban a España y Portugal, países misioneros por excelencia, por medio de la correspondencia personal, de las relaciones de las congregaciones y de superiores civiles y religiosos. Esto cautivó a los religiosos en esta empresa y embarcaron a las principales órdenes, franciscanos, dominicos y agustinos en esa misión.

        Hoy nos llega por medio de descripciones de novela histórica de Susaku Endo con su Silencio, Samurai, Río profundo o de películas como la última de Scorcese.

        En estos siglos se fueron acortando los océanos que van a ser surcados camino de oriente para expresar la fuerza misionera de la Iglesia. Se vislumbrar primero Filipinas y después Japón. Los Agustinos llegaron a Filipinas el 1565, los Recoletos el 1606, y todos llevan una mirada de evangelización superando penurias y fatigas. Los primeros, en una ruta llena de piratas y tormentas, llegaron a Japón el 1605, y los otros no lo hicieron hasta 1623.

        Japón era un reto que llenaba a los misioneros de entusiasmo, aunque no se podían olvidar las turbias sensaciones y escaramuzas entre flotas por el interés del comercio.

        Año 1614, poco después de nacer Magdalena, el emperador declara fuera de la ley a los cristianos deportando a muchos. Otros tantos se escondieron y permanecieron con la amenaza constante del martirio. Desde el balcón de Filipinas se sigue con inquietud lo que allí sucede, pero no se apagarán los intentos, ahora clandestinos, de arribar a esas islas. De mártires se dará un número muy abultado, hasta 30.000, y entre ellos los padres y hermanos de Magdalena, que quedó sola.

         Los agustinos recoletos eran pocos, entre ellos los beatos Francisco de 3 Jesús y Vicente de san Antonio. El año 1622 se recrudeció la persecución en Japón y eso hizo que se avivara más el sentido martirial entre los religiosos. Tras un viaje imposible, llegaron con otros a Nagasaki el 20 de junio de 1623 y desde allí descubrieron una iglesia de catacumbas a la que servirán desde la clandestinidad. Llegará un momento en el que estos dos santos se separen, uno al norte y otro al sur, para volver a juntarse y confirmar su compromiso. Acorralados en Nagasaki después de celebrar la fiesta de san Agustín en el año 1629, son apresados: aguas sulfurosas y corrosivas junto al volcán Unzen, jaulas exiguas, siendo quemados vivos el día 3 de septiembre de 1632 en la así llamada “colina de los mártires de Nagasaki.
SECRETARIADO GRAL. ESPIRITUALIDAD
A. R.

martes, 17 de octubre de 2017

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 Jesús conocía muy bien cómo disfrutaban los campesinos de Galilea en las bodas que se celebraban en las aldeas. Sin duda, él mismo tomó parte en más de una. ¿Qué experiencia podía haber más gozosa para aquellas gentes que ser invitados a una boda y poder sentarse con los vecinos a compartir juntos un banquete de bodas?

Este recuerdo vivido desde niño le ayudó en algún momento a comunicar su experiencia de Dios de una manera nueva y sorprendente. Según Jesús, Dios está preparando un banquete final para todos sus hijos pues a todos los quiere ver sentados, junto a él, disfrutando para siempre de una vida plenamente dichosa.

Podemos decir que Jesús entendió su vida entera como una gran invitación a una fiesta final en nombre de Dios. Por eso, Jesús no impone nada a la fuerza, no presiona a nadie. Anuncia la Buena Noticia de Dios, despierta la confianza en el Padre, enciende en los corazones la esperanza. A todos les ha de llegar su invitación.

¿Qué ha sido de esta invitación de Dios? ¿Quién la anuncia? ¿Quién la escucha? ¿Dónde se habla en la Iglesia de esta fiesta final? Satisfechos con nuestro bienestar, sordos a lo que no sea nuestros intereses inmediatos, nos parece que ya no necesitamos de Dios ¿Nos acostumbraremos poco a poco a vivir sin necesidad de alimentar una esperanza última?

Jesús era realista. Sabía que la invitación de Dios puede ser rechazada. En la parábola de “los invitados a la boda” se habla de diversas reacciones de los invitados. Unos rechazan la invitación de manera consciente y rotunda: “no quisieron ir”. Otros responden con absoluta indiferencia: “no hicieron caso”. Les importan más sus tierras y negocios.

Pero, según la parábola, Dios no se desalienta. Por encima de todo, habrá una fiesta final. El deseo de Dios es que la sala del banquete se llene de invitados. Por eso, hay que ir a “los cruces de los caminos”, por donde caminan tantas gentes errantes, que viven sin esperanza y sin futuro. La Iglesia ha de seguir anunciando con fe y alegría la invitación de Dios proclamada en el Evangelio de Jesús.

El papa Francisco está preocupado por una predicación que se obsesiona “por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia”. El mayor peligro está según él en que ya “no será propiamente el Evangelio lo que se anuncie, sino algunos acentos doctrinales o morales que proceden de determinadas opciones ideológicas. El mensaje correrá el riesgo de perder su frescura y dejará de tener olor a Evangelio”.
José Antonio Pagola







lunes, 16 de octubre de 2017

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Todos los bautizados conocen cuál es la boda del hijo del rey y cuál su banquete. La mesa del Señor está dispuesta para todo el que quiera participar de ella. A nadie se le prohíbe acercarse, pero lo importante es el modo de hacerlo. Las Sagradas Escrituras nos enseñan que son dos los banquetes del Señor: uno al que vienen buenos y malos, y otro al que no tienen acceso los malos. El banquete del que hemos oído hablar en la lectura del Evangelio contiene buenos y malos. Todos los que rechazaron la invitación son malos, pero no todos los que entraron son buenos.(Sermón 90,1)

¿Qué decir? No quiero que ninguno de los que os acercáis a la mesa del Señor aquí presente os encontréis entre los muchos que serán separados, sino en compañía de los pocos que permanecerán. ¿Cómo os será posible? Recibid el vestido nupcial.

«Explícanos, dirás, cuál es el vestido nupcial». Sin duda, es aquel vestido que sólo poseen los buenos, los que han de quedar en el banquete, los que quedarán para el banquete al que ningún malo tendrá acceso, los que han de ser conducidos a él por la gracia del Señor. Esos son los que tienen el vestido nupcial. Busquemos, pues, hermanos míos, quiénes entre los fieles tienen algo que no poseen los malos; eso será el vestido nupcial. ¿Los sacramentos? Veis que son comunes a los buenos y a los malos. ¿El bautismo? Es cierto que nadie llega a Dios sin el bautismo, pero no todo el que tiene el bautismo llega a Dios. No puedo comprender que sea el bautismo, es decir, el sacramento, el vestido nupcial: es un vestido que veo en buenos y malos. Tal vez lo es el altar o lo que se recibe en él. Pero vemos que muchos comen, y comen y beben su condenación. ¿Qué cosa es, pues? ¿El ayuno? También los malos ayunan. ¿El venir a la Iglesia? También la frecuentan los malos. Para concluir, ¿el hacer milagros? No sólo los hacen los buenos y los malos, sino que a veces no los hacen los buenos…

¿Cuál es, pues, aquel vestido nupcial? Este es: El fin del mandamiento, dice el Apóstol, es el amor que procede de un corazón puro, de la conciencia recta y de la fe no fingida. Este es el vestido nupcial. No cualquier amor, pues con frecuencia se ve amarse a hombres partícipes de mala conciencia; …pero no existe en ellos el amor que procede de un corazón puro, de una conciencia recta y de una fe no fingida. Tal amor es el vestido nupcial…

Si distribuyere todo lo mío para uso de los pobres y si entregare mi cuerpo para que arda, si no tengo amor, nada me aprovecha. Este es el vestido nupcial.  Interrogaos a vosotros mismos; si lo poseéis, estáis seguros en el banquete del Señor. En un mismo hombre hay dos amores: la caridad y el amor pasional. Nazca en ti la caridad, si aún no ha nacido; y si ya ha nacido, aliméntala, nútrela, haz que crezca. El amor pasional no puede extinguirse del todo en esta vida, pues si dijéramos que no tenemos pecado, nos engañamos y la verdad no habita en nosotros. En la medida en que reside en nosotros ese amor pasional, en esa misma medida no carecemos de pecado. Crezca la caridad, disminuya el amor pasional. Para que la caridad llegue alguna vez a su perfección, apáguese el otro amor. Poneos el vestido nupcial. Me dirijo a vosotros, los que todavía no lo tenéis.

(Sermón 90, 5-6)

domingo, 15 de octubre de 2017

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Jesús presenta hoy una de sus parábolas más hermosas. Es la parábola de los invitados al banquete de bodas.  El rey de la parábola es su Padre. El Hijo es él mismo. La boda es el reino de Dios que quiere establecer en la tierra. El banquete viene a significar el encuentro de amor de Dios con nosotros. Un encuentro gozoso y salvífico.

Ha mandado a sus enviados, profetas, apóstoles,  pastores, para invitarnos a todos a entrar en la sala del banquete. Muchos han rechazado la invitación, quizás por desconocimiento o ignorancia. Otros, quizás, por mala voluntad. Otros la han aceptado gustosos. Nosotros, entre otros.
Él no viene a imponer nada. Sólo invita, presenta o propone. Después, cada cual será libre para aceptar o rechazar su propuesta o invitación. El que quiera seguirme…dirá en más de una ocasión. Eso sí, una vez de optar libremente por él, exigirá fidelidad al compromiso contraído.

Si en otra ocasión invita a tomar cada cual su cruz y seguirle, hoy nos invita a una fiesta. Nos invita a estar con él, a gozar de su presencia siempre amorosa, a ser seguidores suyos, a vivir una experiencia de vida nueva. Sin mérito alguno por nuestra parte. Como los invitados, buenos y malos, al banquete de la parábola del evangelio.

Todo es don gratuito o regalo de parte de Dios, que así nos ama. Y esta oferta o invitación es permanente.  Es que podemos desertar en cualquier momento. Es tarea del tentador sacarnos del banquete de boda, alejarnos de Dios, apartarnos del seguimiento de Cristo.

Pero somos creyentes en Jesús, hemos optado por él, contamos con su compañía y él con la nuestra, gozamos con su amor y agradecemos su presencia en nuestras vidas. Aceptamos su invitación, porque él quiere establecer una alianza de amor con nosotros.

Todo esto queda reflejado en la primera lectura del profeta Isaías. Dice así: El Señor preparará para todos los pueblos un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos… Aniquilará la muerte para siempre… Aquel día se dirá: “Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación”.
Y hemos respondido con el salmo: “Habitaré en la casa del Señor por años sin término”. La casa del Señor no se refiere al templo  material, lugar sagrado ciertamente, sino a compartir con él su presencia conmigo y con los hermanos, en los que está el mismo Señor.

Dice san Pablo a los Filipenses en la carta que hemos escuchado que “Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús”. Por supuesto que no se trata de una riqueza material, sino de dones o bienes más valiosos, como son los del espíritu.

Esta es una espléndida riqueza que proporciona el Señor a quien se une a él, a quien acepta su invitación para compartir el gozo de su amor generoso, con una fe firme y una esperanza alegre.
Pero, una vez que hemos aceptado su invitación para participar en este banquete de bodas, nos pide y exige que lo hagamos vestidos con el traje de fiesta, que no es otro que el de la gracia. Vivir en gracia. Nos pide erradicar de nosotros el pecado o aquellas actitudes de pecado que nos hacen indignos de compartir con él y los hermanos en el banquete de bodas. (El egoísmo, la injusticia, la ira, la lujuria…).

Eso es lo que quiere indicar cuando dice en el evangelio: Amigo, ¿cómo es que has entrado aquí sin vestirte de fiesta? Y el rey mandó que lo sacaran fuera de la  sala del banquete.

Y el Señor sigue invitando. A buenos y malos. A todos. Porque su amor es generoso, sacrificado y fecundo. No tiene acepción de personas. Y quiere que nosotros seamos sus enviados para invitar a muchos a que asistan al banquete de una misma fe, de un mismo amor, de un mismo Dios, a la fiesta de su presencia entre nosotros.

La eucaristía es un banquete. Nos alimenta su Palabra y comemos el cuerpo de Cristo realmente presente en esa pequeña hostia. Él mismo es el manjar exquisito de que habla la primera lectura. Quien se alimenta de este pan no morirá para siempre. Nos lo dice él mismo en el evangelio. 

P. Teodoro Baztán Basterra

sábado, 14 de octubre de 2017

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 LA SIERVA DE DIOS  MARÍA DE LOS DOLORES DEL AMOR DE DIOS (SIMI COHEN)
 
Nacida en el seno de una piadosa familia judía de Gibraltar EL 4 abril de 1801, su padre era descendiente de la tribu de Leví y rabino de la comunidad. Ya desde muy niña se sintió atraída por la fe cristiana e, ilustrada a sus ruegos por una criada católica de su hogar, sintió una especial devoción a María. Quiso leer y aprender más sobre la religión cristiana, a pesar de la dura oposición de sus padres, y a los 16 años huyó, anhelando ser bautizada y servir totalmente al Señor, a Medina Sidonia, distante más de ochenta kilómetros.

Bautizada solemnemente, con gran concurso de autoridades y fieles, en la iglesia mayor de Santa María la Coronada, entró en el vecino “convento de arriba” de agustinas recoletas de Jesús, María y José, donde vivió hasta los 86 años siendo un ejemplo de alma entregada, sencilla, humilde y caritativa, una santa. Muchos fieles, atraídos por su caridad, acudían al convento para recibir de ella atención, cuidado y consejos, tanto en las necesidades materiales como en las espirituales. Por ello su fama ha perdurado sencilla pero imperecedera entre las religiosas y entre el pueblo fiel.

Su proceso de canonización se abrió el 18 de noviembre de 2001 con asistencia de los entonces obispos de Cádiz y de Gibraltar, monseñores Antonio Ceballos y Charles Caruana. Ahora, tras el meticuloso trabajo del tribunal constituido en aquella ocasión y el testimonio de testigos y el juicio de los peritos en historia y en teología, ha llegado la hora de la clausura del proceso. Las religiosas, llenas de entusiasmo y coraje, animadas por los muchos devotos, han trabajado para llevar adelante el proceso. El proceso diocesano está todavía sin clausurar.